Después del 9M: Asimilar con humildad y buscar acuerdos

Las pasadas elecciones presidenciales dejaron entre ver  el alto grado de polarización política que está a punto de invadir a la población salvadoreña. En el contexto de la campaña electoral surge un grupo de ciudadanos que promovimos el voto nulo por la necesidad de mejorar la calidad de los políticos, candidatos a cargos de elección popular y las mismas políticas públicas.

El llamado al voto nulo estuvo impregnado de interés real y de cambiar el proceder de las cúpulas partidarias.  El debate sobre el voto nulo no pasó desapercibido en la palestra política nacional, desde de sectores sociales, académicos y profesionales se promovieron a favor del voto nulo, así mismo no falto quién despotricara en contra de los ciudadanos que apoyábamos el voto nulo y nos tildaron de antidemocráticos.

Pasada la primera jornada de las elecciones y después de un importante número de votos nulos con todo y su motivación racional y emocional, nos encontramos con una campaña completamente vacía, con un llamado más a las emociones negativas que a razonar el voto, a reflexionar sobre el proceder de los partidos y sus cúpulas y a ver más allá de los programas populistas.  Los problemas reales están a la vuelta de la esquina del próximo 1 de junio y siguen acechando a El Salvador sin que los partidos y los candidatos electos  pongan real atención a lo que puede suceder en menos de un año.

Es totalmente aberrante que el partido ARENA siga con un discurso reciclado, que ponga entre dicho la institucionalidad del país, insinuando de manera peligrosa y contraria a nuestra ley primaria que las Fuerza Armadas están vigilantes del proceso electoral, es reprochable el discurso del fraude y el llamado a sobrepasar la ley electoral por el capricho del  poder económico que maneja al partido ARENA.

Los ciudadanos salvadoreños, los jóvenes que están participando en política partidaria deben tomar un papel activo y protagónico en sus partidos exigiendo una reestructuración democrática al interior de ARENA y ser vigilantes, críticos y propositivos con el gobierno encabezado por Sánchez Cerén y Oscar Ortiz.

Lo peor para la democracia salvadoreña no es la cantidad de votos nulos que puedan haber en las elecciones, tampoco el papel crítico que tomen los ciudadanos, sino más bien, lo peor para nuestra democracia es la imposición de los candidatos a cargos de elección popular, los financistas  millonarios de las campañas de los candidatos, sus campañas de miedo y confrontación, el rumoreo del fraude por parte de los líderes políticos y medios de comunicación y la instrumentalización del  descontento social tras perder las elecciones.


Este es un buen momento para continuar con las reformas al sistema político y electoral, para democratizar los partidos políticos y que en un futuro cercano propongamos una agenda nacional común para hacer frente a los problemas más grandes que tiene El Salvador desde el fin del  conflicto armado, la seguridad pública, reformas fiscales y una reforma al sistema de pensiones son los problemas más grandes que los salvadoreños vamos a enfrentar y para poder lidiar con ellos debimos haber generado un acuerdo social, incluyente y democrático en el pasado,  aún es tiempo de generar ese acuerdo, pero su éxito, no depende exclusivamente de los partidos políticos, sino también de una sociedad civil fuerte y bien organizada.

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